Que el Concierto Mundial del Sida en México, realizado el 30 de noviembre en el Monumento a la Revolución, fuera un éxito visible tuvo mucho que ver con lo que no siempre se ve.

El trabajo detrás del escenario: cuando la comunicación también salva vidas

Que el Concierto Mundial del Sida en México, realizado el 30 de noviembre en el Monumento a la Revolución, fuera un éxito visible tuvo mucho que ver con lo que no siempre se ve. Detrás del escenario, de las luces y de la música, hubo una estrategia de Relaciones Públicas pensada para amplificar el mensaje, ordenar la conversación pública y colocar el VIH donde debe estar: en la agenda.

Como agencia de RP, el trabajo comenzó mucho antes de que sonara la primera canción. Acompañamos a AHF México en la definición de los mensajes clave, cuidando que cada vocería, cada comunicado y cada aparición pública tuviera coherencia, fuerza y sentido político. No se trataba solo de anunciar un concierto, sino de convertirlo en un acto de posicionamiento frente al estigma, la desigualdad y los retos actuales de la prevención.

Construimos el relato que permitió que el evento fuera leído por medios, audiencias y aliados como lo que realmente fue: una acción de salud pública, un llamado urgente y una toma de postura internacional. Desde la planeación, trabajamos en la narrativa que conectó música, datos duros, exigencia global y memoria colectiva, evitando la espectacularización vacía y apostando por un discurso claro, directo y humano.

La relación con medios fue otro eje central. Se realizó un trabajo de convocatoria estratégica, priorizando periodistas, editoras y espacios con sensibilidad en temas de derechos humanos, salud y comunidad. Se gestionaron entrevistas, se facilitaron contextos, se entregó información sólida y verificable, y se cuidó que las coberturas reflejaran la dimensión real del evento: no solo quiénes estaban en el escenario, sino por qué ese escenario importaba.

Durante el concierto, el acompañamiento fue permanente. Se coordinaron tiempos, mensajes y momentos clave para asegurar que los posicionamientos —como el llamado internacional sobre el acceso al Lenacapavir— tuvieran el peso mediático y simbólico que requerían. Nada fue improvisado: cada palabra pronunciada desde el escenario tenía un objetivo comunicacional claro y un impacto esperado.

Después del evento, el trabajo continuó. Se dio seguimiento a coberturas, se reforzaron mensajes en la conversación pública y se cuidó que el eco del concierto no se diluyera en la lógica de “evento pasado”, sino que permaneciera como un punto de inflexión en la discusión sobre VIH, prevención y acceso a innovación sin exclusión.

En síntesis, como agencia de Relaciones Públicas hicimos que el concierto trascendiera el espectáculo. Ayudamos a convertirlo en una plataforma de incidencia, en una conversación pública con alcance regional y en un recordatorio contundente de que comunicar bien también es una forma de cuidar vidas.

Porque cuando la estrategia es clara y la causa es legítima, la comunicación no solo informa: mueve, incomoda y transforma.

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